La historia de los primeros pobladores es en muchos aspectos un misterio pero se sabe que la isla de Fuerteventura fue colonizada inicialmente por grupos procedentes de la zona bereber-magrebí del noroeste de África sobre el primer milenio A.C. Según la mayoría de las crónicas desde la antigüedad hasta la conquista, estos primeros pobladores, denominados mahos, vivían en pequeños poblados y subsistían principalmente de la ganadería , el marisqueo y la agricultura de subsistencia.

Hasta el siglo XV la isla es mencionada en diversas crónicas y autores como Plutarco o Plinio el Viejo hacen referencia a ella en su obra y que fenicios, andalusíes, mallorquines, portugueses o genoveses efectuaron expediciones a la isla. Denominada por sus habitantes como Erbania, a la llegada de los conquistadores europeos en 1402, encabezados por los normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de La Salle, estaba dividida en dos reinos separados por el istmo de La Pared: Maxorata, al norte, y Jandía al sur en la península del mismo nombre. En 1405 Guize y Ayoze, reyes de Maxorata y Jandía respectivamente, se entregan a los europeos junto con sus hombres y se da por concluida la conquista y Bethencourt marcha a Castilla para pedir el reconocimiento de la Corona de Castilla y apoyo en la conquista. Fuerteventura pasa a ser un señorío dependiente de los Reyes Católicos en 1476. Los primeros asentamientos después de la conquista se hacen el Vega del Río Palmas y Betacuria, siendo esta última la capital de la isla hasta el siglo XIX.

Grabado de la expedición de Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle a la Isla de Lanzarote

historia_2Hasta el siglo XVII la población que en el momento de la conquista era de alrededor de 1200 habitantes crece has los 3000 y se expande hacia el norte de la isla. Durante este periodo las incursiones piratas de aprovisionamiento y pillaje eran constantes pero una de ellas, la del pirata berberisco Xabán de Arráez, controlará buena parte de la isla durante seis meses y destruirá casi por completo la villa capitalina de Betancuria. Este hecho hace que desde la corte de Castilla, Felipe II, imponga al Señor de la isla que la defensa de la isla esté en manos de un mando militar con preparación y se construyen en la costa varias torres fortificadas como las del Barranco de la Torre, El Tostón o la de Caleta de Fuste. El mando militar de la isla, el coronel, acabará ganando poder e influencia dada la ausencia permanente del Señor, que en esa época ostenta la casa de Árias y Saavedra, por haber establecido su residencia en Tenerife. El Coronel acaba ejerciendo las funciones de Señor e incluso el cargo acaba convirtiéndose en hereditario. En 1708 el Coronel se traslada a La Oliva creando el regimiento de Milicias y adquiriendo la mayoría de las tierras del norte de la isla.

Serán las Cortes de Cádiz a principios del siglo XIX las que acaben con el Señorío y el Coronelato dividiéndose la isla en ayuntamientos, uno por cada parroquia, y haciéndose cargo el Cabildo del gobierno de la isla. Es en este siglo cuando Fuerteventura deja de depender del cultivo de cereales y despega debido a la introducción de varios cultivos como el de la orchilla, la barrilla o la cochinilla, la isla se convierte en un exportador de referencia de estos productos. Pero los adelantos tecnológicos y diversos periodos de sequía acaban paulatinamente con las exportaciones y muchos majoreros optan por emigrar a otras islas o hacia Sudamérica. Durante este siglo y principios del XX también se exporta al mercado canario sal, cal, tomates y ganado al resto de las islas y se constituyen como puertos comerciales los de Puerto Cabras (posteriormente Puerto del Rosario) y Gran Tarajal.

historia_3Puerto de Puerto Cabras a principios del siglo XX

Sólo será hasta la entrada del sector turístico en la isla, en la década de los 60 del siglo XX, cuando ha vuelto a resurgir económicamente y a aumentar la población hasta doblarla en los últimos 20 años y a desplazarla alrededor de los centros turísticos de la costa. Actualmente también se han retomado las exportaciones gracias al cultivo de áloe vera o a la producción de queso majorero.